Por qué los CIOs deben reorientar la gestión de aplicaciones

Aplicaciones para usar en movilidad Business Value Exchange España
Una infraestructura digital moderna es la base para desarrollar estrategias corporativas exitosas. Pero mientras el hardware recibe una considerable atención, las aplicaciones tienden a ser ignoradas en numerosas ocasiones. Ni siquiera los directores de sistemas suelen conocer el software que tienen instalado en sus empresas; o hasta qué punto dicho software soporta la estrategia de su compañía. En definitiva, ha llegado la hora de reorientar la gestión de aplicaciones.

Las empresas dependen de un conjunto saludable de aplicaciones empresariales para que puedan alcanzar el éxito. Después de todo, las aplicaciones permiten a los empleados realizar el trabajo. Sin embargo, la mayoría de CIOs se enfrentan a severas limitaciones relacionadas con las aplicaciones, mientras que sus empresas esperan un mejor desempeño, mayor agilidad y resultados medibles. En muchas compañías, las aplicaciones están obsoletas o no son totalmente compatibles con el hardware actual. Eso, en el mejor de los casos. En el peor, no están alineadas con el modelo de negocio o no son lo suficientemente flexibles. Incluso, en una encuesta reciente, la mitad del personal de TI cuestionado admitió que la falta de apoyo hacia los nuevos modelos digitales es la clave para implicarse en la modernización del portfolio de aplicaciones. Además, el mismo número de encuestados admitió su deseo de reducir la diversidad de su portfolio de aplicaciones y, asimismo, reducir costes.

Desorden en el porfolio de aplicaciones

Años de agregar software con funcionalidades superpuestas han dado como resultado portfolios llenos de aplicaciones obsoletas o redundantes. Una tendencia que se agrava con el aumento de la complejidad de las aplicaciones, la aparición de nuevas tecnologías y softwares dispares a menudo incompatibles. Y a menos que las aplicaciones se mantengan actualizadas en todo momento, se impone una expansión de las mismas dentro de las empresas. ¿Qué ocurre? A lo largo de los años, el equipo de TI pierde de vista estas aplicaciones, con lo que el problema sigue creciendo: escasos recursos limitados, actualizaciones de seguridad sin instalar, funcionalidades redundantes que dificultan el trabajo de los miembros del departamento de TI, costes operativos que absorben el presupuesto de TI…

Por otro lado, fusiones y adquisiciones también se encargan de enturbiar el panorama de las aplicaciones si la integración de TI no recibe la atención necesaria, está mal programada o carece de la planificación financiera adecuada. Como consecuencia, surgen redundancias en las aplicaciones que complican la colaboración y requieren un mayor esfuerzo de soporte.

El crecimiento orgánico de una empresa también puede servir de palanca para ayudar al crecimiento de su portfolio de aplicaciones. Así, por ejemplo, cuando se establezca una nueva unidad de negocio regional, el equipo local siempre tiende a aportar una solución TI. Y conforme la empresa se expande hacia otras zonas geográficas, cada una de ellas tiende a hacer lo mismo. El resultado es una diversificación y expansión sin control. Incluso aunque todas las aplicaciones pretendan el mismo propósito, ocuparán recursos de manera innecesaria y aumentarán el coste en licencias.

En ciertos casos, parte de la culpa de la expansión de las aplicaciones recae en la propia organización de TI. Y si ésta no proporciona al personal encargado el software requerido, o bien los procesos son engorrosos y requieren mucho tiempo, los departamentos de negocio tomarán su propio camino. En conclusión, todo esto generará una sombra de TI que será difícil de controlar.

Por eso, y teniendo en cuenta estos escenarios descritos, no es de extrañar que las empresas gasten entre el 60 y el 80% de su presupuesto de TI en mantener las luces encendidas. Por eso, las empresas se ven obligadas a iniciar la digitalización de sus procesos empresariales y a introducir nuevos modelos de negocios digitales; modelos que constituyen el centro de una estrategia exitosa. En consecuencia, hay poco margen de maniobra para que esas empresas utilicen su TI para aprovechar las oportunidades de las nuevas tecnologías y aplicaciones.

Las aplicaciones necesitan mantenimiento

Las deficiencias descritas anteriormente pueden ser subsanadas si los CIOs ponen mayor atención en las aplicaciones y establecen una administración integral de las misma, haya completado o no su proceso de transformación digital. La robusta administración de aplicaciones permite a los CIOs controlar su panorama de aplicaciones al completo. Así, pueden responder rápidamente a los cambios y alinear mejor la TI con sus negocios. Una cartera de aplicaciones realineada también ayuda a mejorar la seguridad y la continuidad del negocio. El realineamiento de la aplicación contribuye de manera significativa a las reducciones en los costes de mantenimiento y operativos; de ahí que no sea infrecuente un ahorro de hasta el 50%. Por eso, las empresas que ya han iniciado o completado su transformación digital también se beneficiarán de la robusta gestión de aplicaciones. A menos que dichas empresas adopten un enfoque sistemático para el mantenimiento del software, la relación entre el mantenimiento y la innovación cambiará inevitablemente a expensas de la innovación. Y este cambio disminuirá el retorno sobre la inversión de la transformación digital de la empresa.

Metodología probada de gestión aplicaciones

En este sentido, hay que tener en cuenta dos metodologías: una antes y otra después del esfuerzo de transformación. Así, por un lado, la prestación de servicios dinámicos trae consigo unas fortalezas necesarias para afrontar la susodicha transformación. Por otro, la gestión de aplicaciones basada en datos lo hace tras aquélla. La prestación de servicios dinámicos trae sus fortalezas para soportar antes de la transformación, mientras que la gestión de aplicaciones basada en datos lo hace después de la transformación.La prestación dinámica de servicios incluye métodos y herramientas subyacentes para optimizar los costes asociados a las aplicaciones y preparar el camino para los procesos de cambio de negocio. En el núcleo, un modelo de aprovisionamiento escalable asigna servicios por aplicación según las necesidades del negocio. Cuando cambian las de la empresa, el nivel de servicio para cada aplicación se puede ajustar y sintonizar. Este enfoque también proporciona transparencia de costes para cada aplicación.

El segundo método, la gestión de aplicaciones basada en datos, implementa un proceso continuo para recopilar datos, analizar métricas e identificar oportunidades de mejora. Con esta técnica, las empresas pueden mantener un inventario de aplicaciones y sus métricas individuales de soporte. También pueden anotar y clasificar cada aplicación, que proporciona la estructura necesaria para el análisis. Este enfoque puede aprovecharse para monitorizar las aplicaciones de una manera más cercana y así detectar tendencias de uso y poder realizar un análisis desde la raíz.

Estas técnicas y métodos permiten a las empresas equilibrar eficazmente y de manera continua la relación mantenimiento-innovación. Las empresas que han emprendido el viaje de la transformación pueden aprovechar el enfoque discutido anteriormente para mantener sus aplicaciones en un equilibrio optimizado. Otros pueden usar estas técnicas para obtener visibilidad y control, reducir costes y estabilizar un entorno de aplicaciones diseñado para preparar a las empresas para realizar una transformación de aplicaciones más eficiente y exitosa.

En definitiva, los CIOs pueden usar el conocimiento adquirido a través de estos métodos para controlar mejor sus portfolios de aplicaciones y acelerar el cambio positivo. De esta manera estarán en una posición excelente para construir un caso convincente para su proyecto de innovación de aplicaciones. Hasta la fecha, casi un tercio de los CIOs ha fracasado en esta tarea. Con el respaldo de una sólida gestión de aplicaciones, las partes interesadas de TI están preparadas para discutir estrategias con la alta dirección. Aprovechar las técnicas probadas y aplicarlas a niveles estratégicos y tácticos es la clave para crear y mantener un portfolio de aplicaciones más saludable que apoye plenamente la estrategia empresarial de la compañía