Retos en el ciclo de vida de las aplicaciones

Big Data Business Value Exchange España
 En la era digital, donde todos vivimos conectados y demandamos agilidad, las empresas se encuentran cada vez más con la necesidad de poner a disposición de clientes y empleados aplicaciones que permitan realizar operaciones de manera intuitiva y sencilla. De acuerdo con los datos de IDC, en 2016 el gasto en aplicaciones en España creció un 5,1% con respecto al año anterior. Una tendencia que se espera que continúe durante los próximos años.

Uno de los motivos que está impulsando la necesidad de aplicaciones es la gran base instalada de dispositivos móviles, tanto tabletas como teléfonos inteligentes. Los clientes buscan acceder a la información en cualquier lugar y momento para realizar sus gestiones a través del “autoservicio” y de manera ágil. A ello hay que sumar que cada vez más empresas apuestan por la movilidad empresarial y el trabajo en remoto. Si en 2013 sólo un 13% de las organizaciones aseguraba contar con “trabajadores móviles”, hoy en día han aumentado hasta el 46%, lo que genera una demanda de aplicaciones móviles corporativa.

Esta situación está impulsando una serie de necesidades en las empresas, relacionadas con las distintas fases del ciclo de vida de una aplicación:

  • Desarrollo. Uno de los principales retos en esta área es responder a la velocidad que exigen los negocios. El tiempo máximo para tener una aplicación móvil en producción suele ser menor a 10 días. Muchas organizaciones cuentan con limitaciones internas de capacidades y recursos para cumplir estas exigencias, lo que ocasiona que más de la mitad de los proyectos de desarrollo no cumplan los criterios de coste o calidad fijados al inicio. Esto está llevando a muchas empresas a recurrir a proveedores externos que les ayuden a evaluar y priorizar sus desarrollos, así como a definir el retorno de la inversión, cuantificando los beneficios y midiendo el coste total de la aplicación.
  • Despliegue. Los principales retos en esta área son la complejidad del entorno empresarial y la necesidad de integración con otros aplicativos. Potenciar la estandarización en la fase de desarrollo, reutilizando el código (lo cual ayuda a ganar también agilidad), el open source y el uso de APIs ayuda a resolver estos retos.
  • Mantenimiento. Una parte muy significativa del TCO de una aplicación se consume en el mantenimiento, por ello es fundamental realizar un desarrollo que minimice el coste de cambios en la fase de mantenimiento. Actualmente, las aplicaciones se encuentran en un estado de transformación continua, lo que hace necesario un mantenimiento evolutivo que incluya la monitorización del uso. De esta forma, se puede proceder a una toma de decisiones dinámicas sobre la viabilidad y la necesidad de actualización de cada aplicación.

Dos elementos que están condicionando notablemente el desarrollo, despliegue y mantenimiento de las aplicaciones son el uso de Cloud y DevOps.

  • En aplicaciones críticas todavía existe una resistencia a la Cloud pública, debido principalmente a las preocupaciones relativas a la seguridad y el cumplimiento normativo. Sin embargo, en aplicaciones menos críticas, el uso de SaaS (Software como servicio) y de plataformas de desarrollo PaaS (Plataforma como servicio) para nuevos aplicativos o personalizaciones está simplificando considerablemente todas estas fases.
  • El uso de metodologías ágiles o DevOps, que implican a equipos multidisciplinares en la consecución de objetivos de negocio a través de iteraciones continuas, todavía es limitado en España. Sin embargo, las expectativas de adopción son altas.

En definitiva, el mercado de las aplicaciones se encuentra en un momento de cambio. Las exigencias de agilidad de los clientes y usuarios, unidas al uso de Cloud, está condicionando la forma en que las empresas desarrollan, despliegan y mantienen sus aplicaciones de manera eficaz, algo totalmente imprescindible para resultar competitivo.

Laura Castillo es Research Analyst de IDC.